CARTA A SANTA CLAUS
Querido Santa:
Este año me he portado muy bien. He ido a mis clases, he puesto atención en ellas (aunque a veces no valga la pena), he estudiado arduamente y por adelantado los temas de cada materia (cuando el profesor responsable ha dado temario, claro), me he involucrado en los asuntos escolares, pasé todas mis materias del ciclo escolar pasado; en fin, he tratado de conducirme de forma intachable. Lo anterior, con un doble objetivo: primero, librar la Libre; y segundo, legitimarme para escribirte estas sencillas peticiones, con toda la humildad que a alumnos y egresados de la Libre nos identifica.
Te podría pedir mil cosas (aunque mi opinión difiera de la emitida por los jefes de grupo de la Escuela, a los que el rector convocó y arrejuntó para que señalaran los defectos de la Libre, y al unísono contestaron sinceros y valerosos que no hay nada que mejorar). Por ejemplo, te podría pedir que el aire acondicionado funcionara en todos los salones (pero eso cuesta dinero), o que el internet lo pagara directamente la Escuela, y no se lo financiáramos los alumnos después de rogar y rogar (pero eso cuesta dinero), o te pediría que se hiciera una película que costara muchos millones de pesos o una estatua de un artista famoso, o un fresco del rector con su mesa directiva en la cafetería que inmortalice toda su grandeza, o cualquier otra cosa similar en conmemoración a los cien años de la Escuela (pero eso cuesta dinero… oh, no, disculpa, la película y la estatua sí se van hacer aunque haya que pedirle dinero hasta al Papa, ¡bendito sea Dios!); en fin, podría pedirte cosas que seguramente ni siquiera tú podrías cumplirme. Pero como te dije, he optado por el camino de la humildad, y mis peticiones así serán, y por favor júzgalas tu mismo y comparte mi opinión: no ofenden al buen sentido (o al sentido común, más bien).
La primera petición es muy simple. Me gustaría que los alumnos tengamos una semana sin clases (no de vacaciones, dista mucho de serlo) para preparar los exámenes de las materias semestrales. Las razones de esta humilde petición te las podría exponer por orden alfabético, pero mejor, para no aburrirte, me limitaré a señalar las más importantes. En primer lugar, el calendario de clases para materias anuales otorga a los profesores la no despreciable suma de 36 semanas para cubrir sus temarios. Santa, yo voy diario a clases y voy en quinto año, ya no me cuentan nada; te aseguro que el contenido de cada materia, salvo contadísimas excepciones, podría cubrirse, sin dar temas por vistos, en 32 semanas de clases bien impartidas, sin ausentismos ni digresiones. Hay incluso una iniciativa de la Sociedad de Alumnos para acortar el calendario, porque resulta innecesario tener tantas semanas hábiles de clases al año. Una semana menos para cubrir los temarios no es nada, considerando que los profesores que menos practican el ausentismo (deporte practicadísimo en la Escuela) faltan no menos que el equivalente a dos o tres semanas de clases.
Además, has de saber que el calendario oficial de clases publicado en la página de internet de nuestra querida Escuela marca con rojo las dos semanas destinadas a los exámenes de materias semestrales, e indica con exagerado énfasis (y de pésimo gusto) que no habrá suspensión de clases. Sin embargo, el mismo documento, fíjate bien Santa, establece que las materias anuales tendrán una duración de 34 semanas hábiles. Ahora cuéntale Santa. Si vas sumando semana por semana las que el calendario señala como hábiles, incluyendo por supuesto las dos resaltadas con rojo correspondientes al periodo de exámenes semestrales, verás que el resultado es 36. Entonces explícame, ¿34 o 36 semanas hábiles para materias anuales? Alguien sumó las semanas que debieron ser hábiles y sumó mal, y no consideró escandalizante que el resultado de su suma sólo contemplara 34 semanas hábiles para materias anuales. Dime Santa ¿cuáles son las dos semanas que ese alguien no sumó? ¿Te parece probable que sean las dos semanas que corresponden a los exámenes semestrales? Yo sólo te pido una, hay que ser humildes y razonables.
Pero si las razones anteriores para atender mi deseo no resultan suficientes, tengo una mejor para ti Santa. Te explico. Yo ya voy en quinto año como te dije. Yo sólo tengo un examen, de la materia optativa que elegí, y tengo que entregar un buen avance de mi tesis. Si te soy sincero, los de quinto podemos librarla aún teniendo clases, aunque tengamos que quemar algunas faltas. Los que la tienen bien complicada son los alumnos de primero, segundo y tercer años. Tienen dos exámenes, y de materias complicadas, que requieren mucho tiempo de estudio, o por lo menos el que alcance para tapar la deficiencia de sus profesores y los caprichos y ocurrencias que puedan preguntar los sinodales. La tienen muy difícil, que te platiquen los de la generación que ahora cursa tercero cómo los han despeluchado con el nuevo plan de estudios (ha sido una masacre la cantidad de reprobados), y ahora salen con que no es necesario el tiempo para estudiar… Santa, te lo pongo en términos más sencillos: si no tenemos esta semana para estudiar, a muchos alumnos de primero, segundo y tercero (y algunos de cuarto y quinto), en términos coloquiales, en bad inglisch, they’ll be carried by the clawn (se los va a cargar el payaso [sic]).
Esque santa, entiéndeme, nos hacen ir a la Escuela a perder el tiempo, a dejarnos plantados, a acarrearnos a conferencias, etc., y mira, normalmente nos da igual, las asistencias lo valen; pero cuando hay que estudiar para exámenes, cada segundo desperdiciado duele como saludo a la Señora de Claus. Examinar sin dar tiempo para estudiar al cien por cien es una forma muy burda de predisponer a los alumnos, casi ridícula. Una semanita sin clases no daña a nadie y puede salvarnos a muchos. Pero bueno, no me quiero poner muy intenso contigo ni voy a hacerte dramas, sólo compadécete. ¡Ah!, y dime, por favor ¿te parece excesiva o irracional esta petición? ¿ofende al buen sentido?
Las otras peticiones las voy a calificar (descalificar) como “menores”. Pedir no empobrece; pero Santa, concéntrate por favor en obtener esa semana de oro para que los alumnos salvemos el pescuezo. Las demás peticiones son: 1) que dejen de robar en la Escuela, quienquiera que sea el malhechor que a eso se dedica; 2) que si es necesario, se instalen más cámaras de video para identificar estos robos (pero eso cuesta dinero…); y 3) que cuando haya eventos en la Escuela, que es común, no dejen a los alumnos sin estacionamiento.
Sobre el último punto Santa, me gustaría comentarte, yo voy en quinto, a mí rara vez me cierran el estacionamiento por los susodichos eventos (aunque sí lo han hecho). Pero a todos los demás alumnos de otros grados los han dejado afuera más de una vez en la tarde. Y ya sabes Santa, ni México es el país más seguro, ni La Bella Doctores el rumbo más selecto. ¿Qué te parece que las alumnas salgan a las nueve de la noche de su clase y tengan que caminar por La Bella Doctores para subirse a sus coches? Me abuelita hubiera dicho que eso es peligroso; pero bueno, eso diría ella. Lo que decimos los alumnos, en cambio, es lo siguiente: “tenemos venir a la Escuela, que de por sí es complicado por su ubicación, para que no haya clase, o habiéndolas aprendamos poco o a veces nada de ellas, y además tengamos que pagar un estacionamiento aún más caro e ineficiente que el de la Libre, exponiéndonos a que nos asalten o violen en La Bella Doctores…” ¡Santa, no inventes! ¿Me estoy pasando? ¿No te parece razonable? Lo mejor es que esta petición no cuesta dinero, ¡no cuesta Santa! A la Escuela no; les costará a los invitados. Pero está mejor que los escoltas de los invitados los esperen fuera que dentro de la Escuela ¿no crees?
En fin Santa, no te abrumo más. Lo de la semana para estudiar es lo importante, sobre lo demás nos podemos aguantar (no sin hacer corajes). Espero no haber pecado de egoísta o arrogante en esta carta y que mis peticiones resulten lo suficientemente razonables para que nos sean concedidas. Sin más, te deseo una navidad sin inconveniencias y quedo a la espera de que el próximo sea un mejor año.
México, Distrito Federal, a 18 de diciembre de 2011.
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